11 octubre, 2006

Japonostalgia

A una película asiática sólo le pido dos cosas: a) los protagonistas masculinos no deben llevar el mismo corte de pelo, porque no los distinguiré y me haré la picha un lío, y b) que no haya demasiada violencia, porque me agotan los excesos sanguinolentos tan afines al nuevo cine oriental. "Kids return" (1996) está dirigida por Takeshi Kitano y protagonizada por dos chicos, pero mis exigencias se cumplen: el director antepone el humor y el sentimiento a las trompadas y uno de los chicos lleva melenita y el otro la cabeza casi rapada, lo que les hace fácilmente diferenciables. Buen comienzo...

Masaru y Shinji se reencuentran tras varios años sin verse. Para recordar los viejos tiempos escolares, cuando eran grandes amigos, van en bicicleta hasta el patio del colegio en el que estudiaron. Desde las ventanas de un aula un alumno despistado los contempla, envidiando su libertad y su rebeldía. Cuando un profesor le regaña por distraerse sabemos que la historia se repite, y se repetirá siempre, tras las verjas de un colegio: gamberradas, primeros amores, golpes a los más débiles, vocaciones frustradas y no frustradas. La generación de Masaru y Shinji se comporta como lo hicieron las anteriores, igual que las venideras y como lo hicimos nosotros. Por eso es hermoso contemplarles y recordar con ellos nuestra adolescencia.

Aunque no aparezca como actor cada fotograma revela que estamos ante un film de Takeshi Kitano, quien rodó "Kids return" tras un grave accidente de moto que le paralizó medio rostro, dejó una sensible cojera e hizo brotar los rumores de que nunca podría volver a dirigir. Para demostrar lo contrario Kitano puso toda su energía en esta película, que muestra un tono parecido al de la maravillosa "El verano de Kikujiro". No es tan hermosa, pero el espíritu es similar: la amistad es lo único que puede ayudarnos a superar los momentos difíciles, la ausencia de un padre crea adolescentes desorientados y es jodido ser un crío en un mundo dirigido por adultos.

Entre niños que quieren ser humoristas, tímidos enamorados y abusones de patio de recreo Masaru y Shinji han de decidir qué hacer con sus vidas, pero como cualquiera a su edad no están preparados para tomar decisiones. Triunfar en el boxeo o matar con la yakuza. Ver pasar el tiempo y tratar, inútilmente, de descubrir cuál hubiese sido la mejor opción. Estoy triste. ¿Por qué? Creo que estamos acabados. En absoluto: lo que pasa es que nuestro momento todavía está por llegar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es que creo que no debería aparecer en sus películas. Solo con verle te cagas de la risa, pero acabas fijándote demasiado y te pierdes cosas.

Supongo que es un ejemplo de inseguridad. El tipo sabe que su jeta es un seguro de vida para sus películas y puede que tenga miedo a que no las reconozcan si no está en el plano.

A Woody Allen le pasa algo similar desde "Misterioso asesinato en Manhattan". Sobra en todas.

Anónimo dijo...

Es curioso que un tipo con tanta cara de malote luego sea tan gracioso... en todo caso me gustan sus películas, apareciendo él o no.

Respecto a Woody, sigue haciéndome reír como actor. Desde luego lo prefiero al maldito Kenneth Branagh imitándole...