01 mayo, 2006

Sí, es mi tesoro

La felicidad se hace esperar, pero no mucho. La nueva cosecha, la primavera, ha llegado a la cueva del Cabezosaurio, casi lista para consumirse con desenfreno y pasión. Las tres plantitas supervivientes y heroícas, aquellas aguerridas semillas que superaron las difíciles cribas de la propia evolución natural y la necesidad humanoide (epopeya, "El ciclo de la vida", El Rey León) fueron cortadas, colgadas, separadas, limpiadas, amputados sus cogollos y por fin éstos, mis pequeños amiguitos verdes, se secan tumbados a la bartola sobre las páginas de un diario nacional de gran tirada.

El proceso ha dejado mi casa como el dormitorio de Bob Marley: restos vegetales allá donde mires (nunca la tarima flotante flotó tanto, me temo), la cualidad de la pegajosidad en cada objeto agarrable (la resina está en todos lados, y ayer tuve que venir al curro con el mando a distancia en la mano porque no lograba soltarlo) y tijeritas, platitos y demás evidencias de delito público y mierda por todos lados. El sueño de cualquier politoxicomano adicto. El material con el que se fabrican los sueños. La felicidad, vamos.

No son tres flamantes deportivos, pero no tengo que aparcarlas en ningún sitio ni me dejo un pico en gasolineras. No son tres preciosas mulatas, pero tampoco me regañan si no las presto atención ni me exigen que las saque a bailar salsa. No es como ser padre, pero casi... Mamá, considéralas tus nietas, puedes hacer minijerseicitos a cada cogollo para cuando venga el frío.

En fin, que no las cambiaría por nada, y al que no le guste que se joda. Paso. No necesito ni amigos...grrrr...gorrones...fumetas...mi tesoro, mi tesooooro

1 comentario:

Anónimo dijo...

Je, que bonito tesoro... mi tesoro!