Mi cabeza es enorme y no sólo contiene agua, humos tóxicos y vísceras. Aparento despreocupación e irracionalidad, y eso es lo que la rellena. Como casi todo lo pierdo, aquí será posible encontrarlo.
31 mayo, 2006
La batidora de prisas, VIII
El hombre, que grita una lengua incomprensible, espera a la mujer que no sabe cómo acceder a las vías. Decidido y fuerte como un animal con coraza, la agarra del brazo haciéndola pasar por el torno y, cuando la tiene a su lado, la pega. El segurata hace ademán de acercarse, comprueba que nadie le mira, da media vuelta, se va. No comparto su alopecia y su miopía, sí el uniforme del mediocre y el cobarde.
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