Dos piedras de algo llamado “Madera del Desierto”, una especie de mármol que costó 60 euros (cada kilo vale seis euros), serán el punto decorativo inicial. Antes de meter abono y sustratos pruebo cómo quedarán mejor: un plastiquito en el suelo del salón y vueltas a las piedrecitas. Precauciones: no son del todo estables y pesan un carajo, si llegaran a caerse una vez puestas en el acuario podrían destrozarlo, por lo que dicen que es bueno pegarlas con silicona al cristal. Pero paso (si luego te arrepientes de su posición y las quieres mover te jodes), y con una piedra más pequeña logro que la más grande quede fija. Busco, comparo y finalmente encuentro lo que buscaba: algo parecido a un desfiladero del Cañón del Colorado.

Entusiasmado ante la perspectiva desértica llamo a una tienda de bueyes (http://www.ñusygrandesbovinos.net)para ver si los tienen para peceras, pero cuestan una pasta, son ruidosos y dejan un olor fatal, por lo que vuelvo a pensar en peces.
Respecto a las piedras, una pauta importante: vi otras lindas en la tienda pero eran calcáreas, las muy putas: preguntad y preguntaos, siempre, el origen y la composición de estos simpáticos aunque poco habladores elementos, porque afecta a la calidad posterior del agua.
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