Hace diez años se insultó o aplaudió, según quién, la invención del "Dogma 95", cuyos postulados está de más explicar olvidados ya hasta por sus propios padres, los directores daneses Lars von Trier y Thomas Vinterberg. Sí puede reflexionarse sobre cómo la polémica perjudicó o benefició a sus dos films "estandarte", "Los idiotas" y "Celebración", marginadas por un público poco dispuesto a ir al cine para ver algo sin música, factura de videoaficionado y los mareantes movimientos de cámara de una boda familiar filmada por el padre de una novia que, además, nunca sería Julia Roberts. "La celebración" de Vinterberg, una gran película, fue aplaudida por la crítica, que aceptó su argumento escabroso pero corriente en el cine: mentiras y patologías sexuales en una familia corriente. No hubo aplausos sino mucha indignación, en cambio, hacia la incendiaria "Los idiotas", una corrosiva comedia sobre un grupo de personas que en perfectas condiciones mentales, con empleos acomodados y de nacionalidad danesa, con el bienestar que ello implica, se reunían para practicar una gran pasion común: la de hacer el gilipollas.
Por acidente, una mujer conoce a tres miembros del grupo y, casi sin desearlo, se ve envuelta en su juego. Observa que esa decena de individuos se divierte pero además, haciendo el idiota, teoriza sobre el comportamiento a seguir en una sociedad empeñada en ensalzar valores que fomentan la individualidad y el triunfo, a costa del empequeñecimiento espiritual de sus ciudadanos. Esa mujer, Karen, es diferente a los miembros de esa comunidad de subnormales ficticios: no tiene tiempo para pensamientos profundos, vive sumida en la desesperación y recorre una existencia penosa que apenas le importa a nadie. Pero al ser los únicos que la dan refugio, comprensión y alegría, opta por ser como ellos.
Von Trier aborda con absoluto rigor lo absurdo de este planteamiento y, en lugar de intentar simplemente escandalizarnos, nos ofrece la hipócrita, cuando no abiertamente ridícula, reacción de las personas "normales" ante semejantes desmanes, constatando así la desarmante simpleza de la tipología humana en ste mundo contemporáneo y políticamente correcto. Él lo resume así: "en la superficie, la película habla sobre nuestro comportamiento hacia los disminuidos mentales y cómo los percibimos; en un nivel más profundo es una defensa de la anormalidad". Como película compleja y extraña que es, Los Idiotas entretiene pero también desagrada. Es tan inocente como peligrosa. Nos solidariza con los sentimientos de los retardados frente a un clima de incomprensión y hostilidad y, minutos después, provoca nuestras carcajadas ante un subnormal que, dotado con un erecto pollote, es duchado en los vestuarios femeninos de una piscina pública. El escándalo mayor no procede de humillaciones ni de orgias colectivas, sino de propuestas que afirman"Todos tenemos un idiota interior. ¿Qué podemos hacer en una sociedad en la que todo el mundo es cada vez más rico, pero nadie es más feliz? ¡El idiota!", dice el líder del grupo.
La mujer que comenzaba siendo normal, Karen, termina llevando a cabo el intento con toda su intensidad. En su afán de liberación pretende solucionar sus problemas personales y "reales" mostrándose ante su familia como lo quiere ser y se siente, una estúpida. De nuevo a través de una heroína Von Trier mostrará cómo, casi sin excepción, responde esta sociedad "solidaria" a los que intuye anormales.
- Página oficial nada idiota
- ¿Y qué coño era eso del Dogma?
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