07 febrero, 2005

Pacto de lenguas

Existe el apretón de manos, el entrecruzar de dos animales peludos, grandes y llenos de dedos y que sellan cosas bobas, como son todas las cosas que se sellan entre hombres. Existe el abrazo entre amigos, que sirve para dejar claro que no hay nada más bonito que hacer entre dos amigos que regalarse abrazos sin fin. Existe el guiño cómplice, habitual entre dos personas que no se conocen, momento de iniciar complicidades. También excepcionalmente se da la comprensión con la mirada, donde las aseveraciones del alma provocan un leve destello en los ojos que sólo puede ser perceptible cuando un alma reconoce el alma ajena.

De las rúbricas en un papel, de la letra pequeña de los contratos, de las condiciones de uso, de las excepciones y réplicas hablaremos otro día; forma de decir que nunca se hablará de ello.

Porque éste es el momento de hablar de algo importante, como es el pacto de lenguas. Se hace sólo con una persona, por muchas lenguas que existan alrededor. El pacto supone un objetivo común, un propósito entre ambos. Puede ser pequeño, como recorrer el mundo, o enorme, como un secreto de dos. En todo caso se hace con alguien diferente y especial.

El pacto de lenguas se hace con una persona a la que no le gusta hacer pactos, pero a la que le gustan las lenguas. El pacto de lengua se hace con la lengua más deseable que uno conozca. Porque este tipo de pactos implica meterse en la boca de otro, beber toda la saliva que se pueda, saborear el paladar ajeno, convertir al otro en continente de uno, dejarse devorar y comer, respirar y regalar aliento. Deja de importar la importancia de la carne, porque el cuerpo propio pasa a ser otro, el del otro, uno.

En el pacto de lenguas éstas se entrecruzan, se abrazan, se retuercen, colocan, acomodan, empujan, calientan, desplazan y frotan. Pero sobre todo comparten, uniéndose en una sola. De la fuerza de ambas y de lo fuerte que se fusionen surge la fuerza del pacto, su supervivencia, su vida. Los pactos de lenguas nunca miran más allá en el tiempo porque no les hace falta tiempo: las personas que los hacen, en esos momentos, son una porque creen en una cosa, y entonces no transcurren los segundos. Y no les importa el después: porque es de su propiedad todo el tiempo que deseén. El pacto de lenguas es un pulso en el que ambos se saben y se salen vencedores.

El pacto de lengua agarra, retiene, vuela, arranca desde el estómago y confluye en la mirada. Es de niños porque se hace cuando se cree en algo, y es de adultos por ser peligroso como siempre que se confía en alguien. El pacto tiene demasiados ingredientes como para ser olvidado. El pacto de lengua me recuerda a ti, y quiero volver a sellarlo.

No hay comentarios: