17 enero, 2005

El holandés sinvergüenza

Como es costumbre en estos últimos y viajeros tiempos, he visto una película en un medio no demasiado adecuado: esta vez, un autobús sesentero que me conducía a Tunja, en Buyacá, Colombia. Del viaje hablaré en otro momento, respecto a la película, era El hombre sin sombra, de Verhoeven. Fui al cine cuando se estrenó, en Buenos Aires, pero es tan divertida que no podía desaprovechar la ocasión de hablar de ella...

Verhoeven es un marrano. Es algo fuera de duda. Que le encanta desafiar a las convenciones de Hollywood, también. Hace casi siempre lo que se le antoja: Showgirls o Starships Troopers eran dos claros ejemplos. Aquí revisita la clásica historia del hombre invisible, un científico ambicioso y ególatra interpretado por Kevin Bacon.

De la trama no hay mucho que contar, al no albergar enormes sorpresas: lo que destacan son varias vueltas de tuerca. Basicamente, contestar la pregunta ¿qué harías de ser invisible?. Cualquier enfermo y/o adolescente (público al que se dirige el film) pensaría en sexo, mucho sexo. También a Verhoeven le encanta.

Así que el protagonista viola, acaricia, espía a las mujeres que le rodean, especialmente si son tan apetecibles como Elizabeth Shue. No sólo eso: mata a compañeros de trabajo, superiores y a cualquiera que le lleve la contraria. Por supuesto tanta tropelía no termina de buena manera, pero hay que reconocer que el tipo disfruta de su nuevo don...

Además de sacar, pues, de quicio la historia contada hace décadas por H.G.Wells (que ya sugería todo esto pero, lógico, no se atrevió a desfasarse), la película supone el enésimo ejemplo de lo avanzada que está la tecnología para crear cualquier tipo de criatura o situación. También, en otro guiño al público juvenil, hay sangre, mucha, hasta llegar casi a la parodia. Y escenas tan estiradas que hacen pensar, inequívocamente, en que en el fondo lo único que presenciamos es la broma, una más, del cachondo director holandés.

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