10 mayo, 2007

Un hombre, un sueño y para mí helado doble, I

Conocí a Nicomedes García hace más de cuarenta años, en la primera y hasta ahora última de mis frecuentes visitas a México. Yo era un soñador reportero de ojos castaños, jóvenes como las ramas de un árbol; él, a quién tanto admiraba, el maloliente y amargado anciano en el que se había convertido. Pese a su carencia total de simpatía y dentadura, que dificultaba entenderle, aceptó hablar conmigo, prestándose a rememorar sus tiempos de líder revolucionario político. Unas cuantas botellas de tequila después Nicomedes se obstinó en recordar también sus tiempos en el Crazy Horse, pero las ganas de vomitar me obligaron a dejarle.

Sí, Nicomedes García "El temido", el feroz comunista, aquel del que tantas mujeres hubiesen deseado engendrar un hijo. ¿Que como llegué a conocerle? Una larga historia que podría resumir en una palabra: boniato. Comían muchos boniatos allí en México, adonde llegue en 1967. Incapaz de avanzar en la escritura de mi primera y polémica novela, "Pasión de Bandurria", buscaba nuevos personajes por el mundo y, de paso, huía de la estrechez moral de la dictadura de Franco, donde no era bien vista mi relación sexual con un instrumento de cuerda.

Compartí con Nicomedes apenas un día -salía carísimo invitarle constantemente a tabaco-, pero sin duda constituye uno de los grandes momentos de una vida que ha sido larga e intensa: basta repasar mis memorias ("De plomo") o mi ópera "Mimos del Telón de Acero" para saber lo mucho que me influenció aquel gran hombre.

¿Y que por qué hablar ahora de él? Sencillo: como la vieja mancha que, como un lunar, crece en un espejo antiguo, el recuerdo de este hombre ha crecido en los últimos meses, hasta aparecer como viejos apuntes entre mis revueltas libretas. Buscando mi dentadura postiza, tantos años después, me he reencontrado con él, aunque esta vez no me obligó a darle mis monedas sueltas.

Pero sí volví a tenerle de frente, cara a cara, y de nuevo comprendí por qué se escondía, por qué se sentía perseguido, porqué llévaba décadas oculto tras la corteza de un árbol.

De salir, los indios lo habrían agujereado confundiéndolo con un tapir.

20 de marzo de 1963, mañana
"La incomprensión, las tragedias, surcan la cara del hombre. Tampoco su manía de afeitarse con un sable, tan propia de los militares, ayuda a tener un buen cutis. Su faz es de adulto (sus bombachos y su escasa estatura, no), pero su mirada es joven: tiene los ojos de soñador o del que sufre la Enfermedad de Kufs. ¿Y su voz? Sigue como siempre, tan fuerte y aguda como cuando enardecía a las masas, aunque ahora sólo sirve para poner inexplicablemente agresivos a los machos de macaco..."

20 de marzo de 1963, mediodía
"Entusiasmado, Nicomedes me cuenta el origen de sus ideales, influídos por el PBT y el PSUP, el PCM, el CHI y su escisión la OIR-LIMO, al que prefiere llamar simplemente Cris. Entorna los ojos, reconoce no haber militado nunca en ningún partido que no fuese el suyo, y eso siempre que consiguieran escaños. Y muestra su oposición absoluta hacia el ORPC (Organización Revolucionaria Punto Crítico), a quienes considera "enemigos del pueblo" por su mal gusto a la hora de elegir calcetines..."

20 de marzo de 1963, mientras hacen la comida
"Es hermético. Por mucho que le pregunte Nicomedes evita hablarme de sus orígenes, muy humildes: su padre explotaba minas de oro en Chihualpa y su madre coleccionaba caniches. Pese a eso, y quizá gracias a su precoz interés por el badminton, recuerda cómo pronto le atormentó el decidirse entre un sistema dictatorial o una anarquía tradicional; desesperado, optó por la anarquía dictatorial. Como ejemplo, debajo de los pantalones siempre usa tanga..."

20 de marzo de 1963, seguimos sin comer, ya con hambre
"Probablemente influído por el krausismo, algo que acepta como un piropo, García niega la existencia de diferentes facciones en su grupo: sorprende su beligerancia hacia las narices respingonas, y no soporta a quien tiene un ojo ligeramente más grande que el otro. En un momento convulso de su carrera política, al poco de llegar al poder, detuvo y ejecutó a su mano derecha, Emiliano de Nava, acusándole de tener una mandibula "insoportable"...

20 de marzo de 1963, acaban de pedir una pizza
"Sorprende que Nicomedes García fuese no hace tantos años sinónimo de poder y rebeldía, especialmente viéndole ahora subido a un árbol tratando de cortejar a un tucán. Fue el hombre más importante de Latinoamérica, y en México nadie ha logrado olvidar los cuatro principios básicos de su breve gobierno: creación de un ejército únicamente entrenado para combatir alienígenas, asignación de cargos políticos en función del color del pelo, imposición de un salario mínimo que doblaba al de Suiza y la prohibición tajante de proyectar películas mudas, cuya mera existencia siempre tildó de amenaza"...

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