Qué grosos que son los chinitos, con su pelo disparado de punta pero tumbado a un lado con laca. Qué grosos que son los chinitos, sus voces agudas pero firmes pero medio fragmentadas repitiendo en casi perfecto español el nombre de cada estación de metro. Qué grosos que son los chinitos, amaestrando a golpes secos pulgar hiperdesarrollado a sus teléfonos móviles. Qué grosos que son los chinitos.
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