Banderas de nuestros padres. Desde que las colegialas saben latín e Eastwood usa pajarita nada volverá a ser lo mismo. Su penúltima película es cuasi insoportable: será porque participa Spielberg pero se repite, casi al dedillo, lo perpetrado en la soporífera "Munich": contemos cualquier tontería de unos cuantos personajes vacíos y, cuando la cosa se embarre, metamos flash backs contundentes para recuperar la tensión. Las partes bélicas ya las vimos en "La delgada línea roja". Las partes de la posguerra sólo tienen interés por ver cuán tontos pueden llegar a ser esos yanquis. Y la parte a partir del minuto diez es una y otra vez la misma parte anterior, con lo que uno se alegra profundamente cuando la película llega a su parte final. Eastwood dice: "Detrás de cada soldado hay un héroe". Vonnegut decía: "En la guerra no hay héroes: sólo inocentes y niños". Me quedo con el segundo. Aunque salvo una reflexión: "sí, vale, la guerra siempre es fea, los gringos son un desastre, pero... ¿sería mejor que todos tuviésemos que haber sido hinchas del Bayern de Munich?".
Pequeña Miss Sunshine. Y la madre que la parió. No hay nada peor que un propósito revoltoso que, a las primeras de cambio, empieza a enviar mensajes dignos del Foro Mundial de la Familia. En eso cae este desastre absoluto: colección de freaks rebeldes que, en contacto con otros freaks, empiezan a mostrar como símbolo de rebeldía la normalidad más políticamente correcta. Queremos ser guapos pero cuando otros lo son más lo que importa es el interior. La familia es una mierda, pero al final siempre será el refugio donde todos nos encontraremos. Personajes que cambian más de chaqueta que José Luis Moreno en "Noche de gala". Bailes, payasadas, gasgs repetidos una y otra vez. En fin: basurita pura y dura.
Luces al atardecer. La fe depositada en Aki Kaurismaki no se ve traicionada. Maravillosa. Tras verla estoy hecho mierda, pero sé que he disfrutado del mejor cine de los últimos meses. Kaurismaki se pone más negro que Dikembe Mutombo, pero su homenaje a los clásicos más clásicos en versión finesa es sublime. Me apasiona la mirada sobre ese perdedor/soñador tan familiar. Y me apasiona esa aproximación a lo que supone ser "la chica del gangster". Y esos apuntes de cómo ser mafioso en Helsinki. Y esa vida nocturna, de alientos congelados y pasiones encubiertas, donde ambición y mentiras son lo único que se mantiene caliente. Aki, OK.
Ascensor hacia el cadalso. Primera película en solitario de Louis Malle, clásico clásico que todos deberíamos haber visto y que yo no vi hasta hace unos días. Ciertamente, un peliculón. Atmosfera asfixiante y pingüino en ascensor, comportamientos caprichosos de una juventud enloquecida, cine negro a la francesa, con sus caprichos, sus incoherencias, pero con esa elegancia sinuosa tan propia a las películas de ese país y esa época. Actores divinos, pasados turbios, silencios rotos por balazos y una música maravillosa.
Calcuta. Un poco más de Louis Malle, a quien admiro más por haber estado casado casi una vida con Candice Bergen que por sus películas. "Calcuta" es una visión tan realista como pesimista sobre la ciudad india, la misma que no pude conocer por una inoportuna diarrea. Leprosos, mendigos... todos esos alegres individuos que recorren sus calles son seguidos por la cámara de Malle durante una jornada, en una alegoría casi apocalíptica que critica con fiereza el colonialismo europeo, origen de bastantes de sus males. Lo cierto es que Malle podía haber estado un poco más alegre pero, con ese material, probablemente eso habría sido caer en la frivolidad más patética.
Zazie en el metro. Cachondeo, despiporre y gamberrismo por las calles de París. La fantasía colorista de una niña cuyo sueño es conocer el metro de la capital francesa da pie a constantes situaciones cómicas, persecuciones, idas, venidas y la presentación de un catálogo de pederastas. Muchas veces la cosa se descontrola en exceso, llegando al absurdo, pero deliciosos gags e increíbles escenas -en lugares como la Torre Eiffel- la hacen inolvidable. Y cómo negar mi amor por la pequeña Zazie: sus respuestas, sus caprichos, sus maldades, su temprana capacidad para manipular a los hombres... putita... Chistes pre-Monty Pithon y el placer que supone reencontrarse con París hacen el resto.
El unicornio. O los efectos del LSD en el hoy protagonista Louis Malle. Apocalíptico arranque, en un presente arruinado por la guerra mundial... entre hombres y mujeres. Una de éstas huye por una carretera perdida (la carretera y la chica) hasta llegar a una granja llena de seres extraños. "Alicia en el país de las maravillas" por el filtro de Haneke, "El unicornio" oscila entre la vil tomadura de pelo y la obra maestra, con surrealismo, violencia, sexo y la inquietísima presencia de todos sus protagonistas. Si se acepta que las ratas hablan, las viejas maman y los niños y los cerdos vienen a ser casi iguales éste es un peliculón. Si no, te lo romas a risa, te curtes a canutos y también termina siéndolo.
2 comentarios:
Cada vez eres más l´enfant terrible. Tú sí que eres nuestro héroe, Capitán Clorofila. Qué imagen tan bonita: Raúl, Roberto Carlos, Capello y Calderón levantando nuestra bandera en el Allianz Arena. Esos sí que son héroes del sopor, en fin todo sea por no acabar animando a Kahn. Un grande Louis Malle.
Estoy haciendo una lista de las películas que me han parecido basurita pura y dura y ciertamente, no puedo incluir 'Little Miss Sunshine' en ella.
'Little Miss Sushine' es una película pequeña, nada pretenciosa. Es una comedia que intenta contagiar vitalidad y optimismo.
¿Los caminos son ingenuos? Poner a toda la familia a bailar para apoyar a la pequeña-niña durante el concurso es además de un recurso obvio, de una ingenuidad que resulta hasta tierna. Sí, pero recursos como este no son tanto más ingenuos que el optimismo en sí mismo en tiempos como este.
Agradezco que sigan haciéndose películas como esta, le agregan frescura a la cartelera cinematográfica.
Y sí, al final tenía ganas de bailar yo también.
Ah! te reto a ver 'Inland Empire' y que la comentes... te recomiendo que vayas temprano. A mí y mis compañeros de sala nos resultó soporífera.
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