17 enero, 2007

La batidora de prisas, XIII

La templanza de un aguila anciana nos observa como a liebres blanquecinas. Gorra gris y negra, frente ajada, chaleco a cuadros, desfiladero de arrugas alrededor de los apretados labios. Guerrero decrépito y sordo, piel quechua, su nieto hace un gesto para bajar en la siguiente estación pero en la gruta de su mente bajar del tren es atravesar un río, salir a la calle volver a pisar la selva.

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