15 enero, 2007

La batidora de prisas, XII

Incómodo dentro de sí, envenenado por sus propias mentiras, el chico del abrigo marrón mantiene la vista fija en ninguna parte rebuscando lágrimas que no sabe fabricar. Suficiencia y egoísmo, basura envuelta en papel, más se conoce y más asco le produce el monstruo con el que le tocó cargar. Mala suerte para aquellos que le quieren, sabios los que le supieron huir.

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