Incómodo dentro de sí, envenenado por sus propias mentiras, el chico del abrigo marrón mantiene la vista fija en ninguna parte rebuscando lágrimas que no sabe fabricar. Suficiencia y egoísmo, basura envuelta en papel, más se conoce y más asco le produce el monstruo con el que le tocó cargar. Mala suerte para aquellos que le quieren, sabios los que le supieron huir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario