"La silla de Fernando": la película más fácil de rodar que haya visto. Sentemos a un abuelo con batallas que contar, una cámara enfrente y, jóvenes embelesados, sentémosnos a reir con sus gracias. Luego vendrá seleccionar las que nos parezcan más divertidas, un poco de nostálgica música, algunos fundidos en negro y listo: felación cinematográfica, homenaje en vida, "película conversación". Esto último es idea de David Trueba, junto a Luis Alegre director y máximo responsable. El tema es que el Fernando de la silla es Fernando Fernán Gómez. Uno de los rostros del cine español. Escritor de novelas, obras de teatro, guiones cinematográficos. Director de películas y series de televisión. Personaje de nuestro siglo. Joven de sonrisa fácil y rostro abobado, viejo feroz de barba osezna y pelirroja con tendencia a los insultos. Mucho cuidado con meterse, ahora, con Fernando Fernán Gómez, que se nos muere. Y tampoco hay motivos para hacerlo, sino para darle las gracias.
Cuando Fernando dice algo gracioso hay carcajadas del equipo de rodaje -Elena Anaya está entre ellos, ay-. Fernando mira con cara de no comprender si le preguntan alguna gilipollez. Y Fernando es sincero con los grandes temas de la vida: fue de derechas antes de la guerra, de izquierdas después, siempre quiso ser muy rico. Rico de verdad: de los de mansión, grandes lujos, ejército de criados. Y también fue borracho. Y mujeriego. Sobre todo mujeriego: por encima de todo está la belleza de una mujer. Lo dicho: sólo un hombre, aunque muy grande. Peliculita, pero personajón.
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