De Menotti nos gustan sus patillas, su aspecto de caduco hippie exiliado a Ibiza y, sobre todo, sus frases. "El que corre tiene que pensar y el que piensa tiene que correr”, por ejemplo, resume la esencia de jugadores como el barcelonista Gabri o el ex barcelonista Riquelme. “El descanso forma parte de la preparación” es un diagnóstico perfecto para Ronaldo o Roberto Carlos. O quizá la mejor de todas: "El gol debe ser un pase a la red". De no ser por las muchas de Valdano nunca habría escuchado una gilipollez semejante. Conclusión: nos gusta Menotti. Y su palmarés impresiona: una liga argentina en los últimos 32 años, una copa del Rey con el Barça de Schuster y Maradona y el mundial'78, por supuesto, ese limpio y cristalino torneo.
A Juanma Lillo lo adoramos por su total incompetencia. Primero como pobre imitador del ya nombrado Valdano, del que se encuentra a años luz en cuanto a fluidez verbal. Segundo como entrenador, que es de lo que vive. Las cifras no mienten: desde que fue despedido del Salamanca (en el que, en cinco años, tampoco es que consiguiera nada) destruyó al Oviedo (16 derrotas en 34 partidos, cesado); Tenerife (6 victorias en 28 partidos, cesado), Zaragoza (dos puntos en cuatro jornadas, eliminado de la UEFA en primera ronda por el Wisla Cracovia, no fusilado sino sólo cesado), Antena 3 (entrenando al equipo de seguratas del edificio arrancó un empate en el derby contra las señoras de la limpieza y comentó el Mundial de Corea y Japón, inventando el concepto "pregol", que sustituye al de "situación de peligro") y, por último, Terrassa (17 derrotas en 33 partidos...¡a Segunda B!). No hay duda de que hablamos de un Mourinho a la española, un seguro de vida, un triunfador. Quizá por eso Bassat y Guardiola, el clarividente Guardiola, le tenían como "hombre" sobre el que reconstruir el imperio blaugrana de ganar las elecciones de 2003. Pensar en un Barcelona en Segunda no hubiera sido descabellado, pero ¡qué fútbol hubiera contemplado el Camp Nou!
Pero lo mejor de ambos es su total alejamiento de la realidad, su marcianismo de chandal y tácticas hilarantes. Menotti ha justificado su injustificable despido de Independiente en que "le comieron los resultados" (9 puntos sobre 27 en el Clausura). Para él, "sin éxito no hay proyecto válido en este país. De lo contrario, viviríamos en una Argentina diferente". Ahora Menotti busca un lugar donde los proyectos válidos sean los ligados al fracaso. ¿No es eso romanticismo? ¿No es absolutamente querible?De Lillo uno no llega a saber si es que se le va la pinza o, simplemente, poseé una desfachatez incomparable. De Terrassa se despidió en estos términos: "Hoy día un entrenador que no gana (...) está peor visto, por la magnitud que se le ha concedido al fútbol, que un violador". Además de pésimo entrenador, victimista. Lo suyo no tiene nombre pero si es niño le llamaremos Juan, y le apellidaremos Malillo.
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