Aunque te digan que fue porque las ratas devoraron a Andrés -aquel inoportuno disfraz de quesito en la fiesta del colegio- los Pérez no se marcharon del barrio por eso. Tampoco porque su padre empezara a creerse un camión de la basura -resultaba tan ruidoso y sucio- ni porque su madre se destrozara una oreja cada vez que intentaba hacer mayonesa. Marta, la hija, tuvo la culpa por ser una nínfula obeso-perversa. La llamaban 'Lolota' y con sólo trece años se acostó con el cristalero, un hombre casado. Nunca la perdonaron que pesara el doble que él.
Bajando a la derecha, tapando unas casas, te sorprenderán unas palmeras. Sí, es verdad que estarían mejor en la playa, pero aquí están: las únicas desde que los Amaya se mudaron a la carretera perdida, buscando más espacio para su arte, sus cánticos y su chatarra. En la acera de enfrente, a la izquierda, se crió Francisco Pérez: era tan horrible jugando al baloncesto como brillante como subgerente bancario. Jamás conocimos su casa: nos daba miedo su hermana pequeña, una especie de enano pecoso y con falda.
El dinero se iba rápido en los Recreativos Sevilla pero... ¿cómo olvidar esa Plaza? La sombra y la serenidad de sus árboles, sus desperdigados bancos y sus sudamericanos borrachos la hacen parecer tranquila... ¿pero entonces? ¿A cuántos no os atracaron 'entonces'? Nadie que quisiera llegar a casa calzado se atrevía a cruzarla. Según la madre de Jose Rafi, adicta a los ovillos de lana, ¡vendían en ella droga!. La Plaza, antes marginal, ahora ofrece todo lo que se necesita para ser feliz: una tienda de alimentación, un bar y una peluquería tropical.
Podrás llegar a su casa a cualquier hora, porque siempre te recibirá despierta. Jamás duerme: sus gafas, su vestido corto, sus piernas llenas de músculos te harían sentir segura a su lado en un terremoto. Si no has cenado lo harás y si le gustas, algo seguro porque siempre le gusta la gente, te enseñará los jerseis diminutos que teje. Te preguntará si no son preciosos, y en verdad lo son: tan pequeños y tan delicados parecen hechos para un príncipe, per abrigarán a los bebés de la familia y el barrio.
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