07 junio, 2007

Apuntes de una mudanza, I

Ante la imposibilidad de mudarme de planeta o de calzoncillos o de casa tengo que resignarme a cambiarme de oficina, que no de trabajo, porque eso también resulta imposible dada mi completa ineptitud profesional. Resumiendo: mi santa empresa, que sigue dándome toneladas de dinero a cambio de todo mi talento y mis sinuosas curvas, se traslada. Se rumoreó mucho tiempo que sería a la Ciudad de Telefónica, esa legendaria urbe donde los semáforos son teléfonos y las papeleras son teléfonos y los teléfonos son teléfonos, pero al final no pudo ser porque tenía unas pésimas comunicaciones (o siempre comunicaba). Finalmente el cambio es a una oficina cercana, cercana a la oficina actual y a los Picos de Europa porque a todos nos queda espantosamente lejos de casa y del vientre materno que es de dónde nunca, jamás, deberíamos haber salido.

Nuestro nuevo domicilio es, según dicen todos -incluso los que lo conocen- bastante peor que el de ahora. Un amigo informático cuyo nombre no diré -sí que pesa más de cien kilos y lleva coleta y tiene apellido de superhéroe y acento extranjero- me dice que hace un calor espantoso porque los sotanos se recalientan más que los de una actriz porno por la acumulación de PC's. No sé. Otro amigo, también informático y también argentino (en realidad el mismo amigo, no me habla mucha gente en el curro) señala otro inconveniente: hay un baño por planta y en cada baño sólo dos tazas, lo que supone menos de un centímetro de cerámica Roca por nalga. Espero que mis compañeros no le den mucho a la fibra porque eso después del almuerzo va a ser como un lavatorio en la India.

Pero para mí el principal problema de cambiarnos de oficina es lo que esperan que hagamos en ella: trabajar. Qué manía. Y algo peor: otra vez el difícil y traumático proceso de conocer a nuevos seguratas. Siempre lo mismo (uno de los sacrificios de una profesión como ésta de periodista, llena de despedidas y viajes): cuando empiezo a encariñarme con ellos y sus técnicas de cacheo, llaves de judo y bromas groseras sobre cachiporras y esposas, nos separan. Como una hija de diplomáticos, o la esposa de un evasor de impuestos, soy víctima del desarraigo. Adiós Berihuete, adiós Mari Angeles, adiós Fermín y adiós Hijo de Berihuete, como quiera que te llames. Recordaré, siempre, las veces que os sorprendí viendo películas porno, las veces que me cazasteis olisqueando los asientos de mis compañeras, o aquella paliza a ese despistado anciano que llamó a la puerta creyendo que era su casa. Adiós, seguratas, adiós. Os mandaría estas líneas a modo de despedida, pero temo que Fermín y sus casi dos metros intenten volver a encularme.

Puestos a buscarle algo bueno a esta tragedía diría que mostrará de qué pasta están hechos mis compañeros. El anuncio de que los armarios de discos y libros podían ser saqueados fue como decir en un colegio de monjas que acababa de llegar Ricky Martin: gritos, carreras, muertos por aplastamiento, lencería volando por todos lados. El Ministerio de Medio Ambiente ha declarado al edificio Parque Nacional, como Monfragüe, por la abundancia de buitres leonados: robaron hasta un fax, como si la gente decente siguiera usándolos en este siglo. Respecto al office, el pillaje recordó a Nueva York en el apagón del 77 (sin violaciones, una pena). No importó que las máquinas de patatas contuvieran antiguedades dignas de Christie's: las hordas ansiosas de colesterol las mancillaron igual.

Llama la atención ver la cantidad de porquerías almacenadas a lo largo de estos años. Una compañera de mujer necesitó más cajas, para sus cremas reafirmantes y anticelulíticas, que Victoria Beckham cuando se marche a Los Angeles. Hay toneladas de desperdicios por todos lados, parece Nápoles. Al fondo de una cajonera ha aparecido el cadáver de un becario, al que siempre criticamos pensando que se había ido sin avisar a "20 minutos". Por la desorganización sólo hay CocaCola normal: los gritos de las adictas a la Light me despertaron ayer de la siesta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jajaja, la oficina a la que os vais es aún peor que la actual (y mira que es difícil estar peor comunicados...).
Suerte, mucha suerte :)