19 agosto, 2005

Autopsia de una mentira

Sigo leyendo compulsivamente: desde que dejaron de emitir Los Teleñecos mi cerebro no gozaba de tan agotadora actividad. De entre mis últimas lecturas (que iré repasando en los próximos cien años, según el Alzheimer vaya distorsionando mi mente dando así algo de interés a mis palabras) destacaría El Adversario, de Emmanuel Carrère.

El libro versa basicamente sobre la mentira, tema con el que no tengo nada que ver. Eso no es óbice para haberlo leído de un tirón: muy parecido al A sangre fría de Capote, nos narra el caso de un mentiroso compulsivo y trágico que, angustiado por el pronto descubrimiento de que todo en su vida es engaño (no terminó la carrera pese a ser una eminencia, no trabaja en la OMS aunque lleve una vida de corrupto adinerado...) tira por la vía de enmedio, extermina a su feliz familia y trata de suicidarse. No lo consigue: algo que aprovecha el autor para acercarse a él y, así, tratar de mostrar su interior.

Carrère nos cuenta primero los hechos, luego busca sus porqués y finalmente reflexiona sobre su protagonista. Me gusta el respeto, mezclado con el temor y las dudas, que muestra sobre el asesino. Me gusta que nunca se atreva a juzgarlo, ni para condenarlo ni para mitificarlo. Me gusta la crónica de los que le rodean: especialmente de los últimos, de los que a través de la religión creen en su redención y arrepentimiento. Me gusta que el autor no se crea nada. No me gusta que queden cosas en el tintero, que no sepamos más de todo, que, en resumen, el libro se termine terminando.

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