Me daba un poco de miedo la polémica película de Van Sant. No por el tema, sino por el propio director. De él recuerdo, por encima de todo, dos tropelías: El indomable Will Hunting y Psicosis. En el lado positivo de la balanza, Drugstore Cowboy. Del resto, casi, ni me acuerdo. Que Van Sant sea, además, tan alternativo y fashion no ayuda, la verdad. Pero no, la peli es buena. Es más: si no es una obra maestra se le parece bastante. ¿Motivos para considerarla como tal? Ahí van unos cuantos, a través de una crítica ajena:
"El verdadero talento de Elephant, brillante e inteligentísima reconstrucción de la matanza del instituto Columbine, se descubre terminados los títulos de crédito. Entonces comienzan las preguntas... y estallan en la cabeza las razones y los descubrimientos de una historia tan distante, tan fría, tan extrañamente contada. Durante la visión de este cuasi-documental, lleno de experimentos fílmicos y narrativos, se llega a alcanzar el estado hipnótico. El ritmo seduce y adormece una historia seca, sencilla, sin concesiones: la cotidianeidad previa a la tragedia. Luego la inmensa mayoría de los directores hubiera dado un giro espectacular a la narración con la irrupción de los dos autores de la salvaje carnicería, una pareja de adolescentes dispuestos a vengarse de una sociedad que detestan y que les pone armas en sus manos. Pero Gus Van Sant, en una idea genial, no nos ensordece con tiros, sangre y pánico. Nos sorprende mostrando sus acciones al mismo nivel y con el mismo distanciamiento que un chico que revela fotos, o que unas alumnas que charlan en el comedor. Explicar los motivos, detallar los pormenores de los hechos, no entra en la mente del director. No quiere sino mostrar lo que pasó, alejarse de emociones y preguntas. Porque entre su cámara y los personajes de esta fascinante obra sólo hay aire, pura realidad que escupe a la conciencia del espectador que piensa, ¡pobre inocente!, que está viendo una película" (Pablo Kurt, Filmaffinity).
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