28 diciembre, 2004

El Espantaespectadores

Hay películas sobre las que basta ver un trailer, un artículo o simplemente el cómo, cuándo y quén las hizo para saber que son una mierda. Son esas películas en las que uno jamás perdería el tiempo a menos que, como es mi caso, estuviera en un avión con destino a Colombia y llevara horas de vuelo, trasbordos y palpamientos de recto varios. Eso acaba de sucederme con "El Espantatiburones": la ansiedad por llegar a Bogotá, la saturación de leerme hasta el catálogo del Duty Free y mi curiosidad por ver hasta qué punto era horrible han terminado mostrándomela. Hora y media después, y por no forzar la salida de emergencia para arrojarme al Atlántico, escribo esta crítica.

El Espantatiburones no tenía sentido desde el momento en que se estrenó Buscando a Nemo, esa obra maestra absoluta. Presumo que sólo el afán de repetir su éxito llevó a Dreamworks a perpetrar esto. Su historia es una sucesión de robos, chistes malos, avergonzantes parodias y situaciones sin ningún interés. Una pobre interpretación del cine negro pero pasada por agua, con la moraleja final de que hay que valorar lo que uno tiene, empezando por tus propias escamas, y que mentir y pretender aparentar lo que no eres termina pasando factura. Lecciones admisibles pero que no justifican por sí solas una película aunque sea infantil, y más cuando el protagonista tiene la gracia de una hemorroide y sus aspavientos y burbujas aburren hasta al bebé de dos años con el que comparto vuelo. Sus gritos, mocos y lagrimitas denotan que también quiere verlo freirse en una sartén, en su repetitiva salsa de chistes sobre Titanic.

La gran baza comercial de "El Espantaespectadores" son las voces y gestos de actores y directores famosos, que se prestaron sólo por el vil metal o algún tipo de favor sexual ignoto. Además del citado protagonista, óScar (Will Smith, haciendo de sardina rapera), bucean en la cenagosa trama un tiburón que parodia a Vito Corleone (vergonzoso que De Niro se preste a ello), un pez payaso que se infla al enfadarse (¿Habrá visto Scorsese "Nemo"?) y una escurridiza y sensual anchoa (con la cola de Jennifer López... prefiero la de verdad). Esos son los famosos que participaron. De los personajes no hay nada más que decir.

Lo técnico no evita el naufragio de esta lamentable Armada, sino que quita hasta las ganas de nadar. Vista la perfección de Pixar o los aciertos puntuales de Shrek o Ice Age, contemplar la irrealidad de peces flotando sin lógica e iluminados con la luz submarina del bidé de mi casa te indigna, testigo de este asesinato del 3D. Un gran estudio de animación está detrás, pero parece que alguién los dio por ahi mismo y sólo se preocupó de vender películas como hamburguesas. Los tiempos, las texturas, los fondos, el ambiente, la historia se quedaron en la pecera. Si querían narrar la epopeya de unos salmonetes volando sobre la superficie marciana lo consiguieron, pero presumo que no.

- A vueltas con el 3D

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