1
Hemos de volver a Witwatersran. Arrancársela a Cecil Rhodes y a esos malditos ingleses. Frenar su delirio imperialista: sus carreteras y trenes, sus minas de diamantes y sus campos de algodón. Sí, hemos de volver a Witwatersran. Porque aunque el resentimiento haya encendido la mecha es la justicia la que alimenta las llamas.
¿O es que acaso puedo seguir en Canterbury tras saber de lo que pasa en otros sitios?
¿Seguir yendo en carruaje mientras el resto de las personas se arrastran? ¿Refrescarme en mis jardines mientras otros se queman en los desiertos? Por cierto ¿es que nadie ve la cantidad de agua que está derrochando esa fuente? Mañana mismo he de despedir al jardinero.
Es por cosas así por las que arriesgo todo. Es por vosotros, mis Sueños: la cabeza es un lugar demasiado pequeño para todos vosotros. Lo que os entrego ahora es todo mi cuerpo. Me doy a mis ideales. Al resto os dejo, me marcho.
2
Son muchas las ideas que estos días acuden a mi cabeza. No descanso, apenas pasan una decena de horas durmiendo cuando cualquier preocupación me interrumpe, despertándome: ¿Cómo alcanzaré Rhodesia? ¿Cómo introduciré allí cientos de cañones y miles de caballos, sin que las fuerzas británicas me descubran?
O esa otra, que no hay noche que no me torture: ¿Será verdad que casi todos los africanos son negros?
3
Capacidad y ambición no me bastan: es Leander Jameson, el Capitán que lidera la revuelta, quien ha de llevarme frente a Rhodes en Witwatersran. Witwatersran, Witwatersran... ¡me gusta tanto repetir tu nombre! Como una canción infantil... ¡son tantos los recuerdos que me traes a la cabeza!
Witwatersran y sus arroyos, como un suave contrapunto al trinar de tus pájaros.
Witwatersran y sus días de domingo, tus mercados de flores, tus fiestas.
Witwatersran. Nunca he estado en ella, pero puedo imaginármela. Me pasa lo mismo con todos los sitios: sería capaz de pasear por París como un parisino pese a que nunca he puesto un pie allí.
Respecto a la vieja Londres... Sobre ella puedo hablar durante días. Pero es cierto que suelo visitarla: siempre encargo allí las medias.