No hay deportistas, salvo los patinadores sobre hielo, tan bajo sospecha como los ciclistas. Centauros del asfalto, los ciclistas se pasan media vida en la carretera, sin importar que haga sol, llueva o sople el viento más inhumano. Cobran más que los camioneros, eso es verdad, pero a cambio trabajan en maillot.
Hablamos con Carlos Sastre, uno de los ciclistas españoles del momento. Heredero de Perico Delgado o Miguel Indurain, es casi tan feo como ellos: resulta prácticamente imposible encontrar un ciclista guapo, si exceptuamos los esprinters italianos.
Acaba de finalizar la contrarreloj. Carlos, ¿qué ha pasado? El recorrido no parecía muy complicado: Zaragoza-Zaragoza. Era difícil perderse.
La etapa ha sido muy exigente, muy dura. No me he sentido a gusto en ningún momento.
Es lógico: 53 kilómetros a toda velocidad, con casco y en bicicleta. los baches destrozándote las nalgas... Sin culotte debes ser como un mandril. Pero... has llegado a diez minutos del líder. Carlos, ¿has perdido media Vuelta?
Creo que no. Creo que la he perdido entera.
¿Estás bien? Ya no estás ni entre los veinte primeros de la general. ¿Estás destrozado?
Tengo 32 años y muchos kilómetros a mi espaldas. Con la experiencia se aprende.
A sumar, sobre todo. 32 años... casi como yo. Seámos francos: a esa edad los buenos ya han demostrado algo. No hay eternas promesas. Tu palmarés incluye una etapa de la Vuelta a Burgos y un Gran Premio de la Primavera... ¿Qué corríais, en pelotas? ¿Con un maillot abejorro? ¿Bebíais néctar? Es ridículo. Y aún no he mencionado el "Tour del Porvenir"...
El Gran Premio de la Primavera... fue entonces cuando empecé a sentirme ciclista.
Sentirte ciclista. ¿Que será "sentirse ciclista"? ¿Qué será sentirse 'algo'? Yo no me siento nada. Siento hambre a veces. Casi siempre tengo gases. Me apetece tomarme una copa.
¿Qué es "sentirse ciclista"?
Por ejemplo, tengo mis propios masajistas. Tengo mucha confianza en ellos. Me dicen cómo tengo las piernas: si estoy contracturado, a qué altura me quedan mejor las faldas. Se llaman Alex y Josep.
¿Tus masajistas?
No, mis piernas. Los masajes me los dan siempre por la tarde.
Miren a los niños de las aldeas, a los campesinos. Narices aguileñas, ojos de ave rapaz, pelo abundante y moreno y recortado de punta: así suelen ser los ciclistas. Enjutos, diminutos. De no haberse inventado la rueda... ¿para qué les serviría estar tan fibrosos? ¿Cómo hicieron Macchu Pichu los incas?
¿Qué relación tienes con tu director de equipo?
Es alguien a quien siempre llevas detrás. Ruedas con él a tu espalda. Te anima, te da referencias. Puede motivarte o, si tienes un mal día y empiezas a perder tiempo, hundirte más. Es importante contar con una persona que te conozca, en quién creas. Alguien que te dé confianza.
Corres en un equipo danés... ¿alguna vez habéis recogido a alguna chica haciendo autostop en una carretera danesa perdida? Y el coche-escoba... ¿es verdad que está sucio, que el asiento de atrás está lleno de pelusas? Desconozco muchas cosas del ciclismo. Es un deporte que, como casi todos, nunca me ha interesado especialmente...
Es verdad que se está perdiendo algo de afición. A la hora a la que corremos la gente está trabajando, los niños están en el colegio... Salvo por la noche, en los polígonos, es difícil ver gente en las cunetas. Pero ahora llega la alta montaña, y eso es ciclismo espectáculo: es ahi donde necesitamos el ánimo de la gente.
Las drogas también están alejando a los aficionados. Y es normal: mola más irse a fumar canutos o comerse una pastilla en una discoteca, y atacar a las muchachas, que ver a la "serpiente multicolor". Para ver una serpiente multicolor me voy al Zoo o le pido a mi primo que se baje los pantalones...
Sin embargo, admiro vuestra batalla por acercar el ciclismo a la juventud de ahora. Os metéis de todo. ¿No es absurdo?
Nunca he cometido un acto de dopaje. Nunca me he dopado. Y nunca he ido a ver a Mecano en directo. Quienes me conocen saben que mi compromiso es absoluto. Siempre he estado dispuesto a colaborar.
Es cierto: la cinta del casette la ha puesto él. Como todo ciclista, Carlos Sastre es un buen tipo. Un tipo campechano, callado, y que nunca te dejará pasar primero por la puerta: está obsesionado con las bonificaciones y las metas volantes. Le hago ver que sus zapatillas son espantosas pero parecen muy cómodas. ¿Valdrán para pisar uvas?
Guantes, perneras, maillots. Culottes, manguitos,calcetines... Lleváis más ropa que una monja, y casi toda de colorines. Estáis morenos a trozos. No sé qué hago hablando contigo. Pero... ¿es verdad que lo que más abriga, al bajar un gran pico, es meterse un periódico en el pecho? ¿Se trata de prensa deportiva especializada? ¿O es indiferente la sección, que sea Economía, Anuncios, información general?
No leo la prensa. Sólo habla de la parte mala de mi deporte: transfusiones, inyecciones, drogas, sanciones, sospechas. Parecemos delincuentes.
Vamos Carlos... ningún ladrón de bancos daría un golpe enfundado en un maillot de topos de la montaña. Parecéis muchas cosas, pero no delincuentes. ¿A qué hora te levantas mañana? Desde que intenté ligar con esa locutora de televisión no me había aburrido tanto... ¿Lo dejamos?
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