No había querido irla a ver al cine, basicamente, porque no soporto los ruídos a mi alrededor, e imaginaba que innumerables gimoteos, moqueos y pucheros acompañarían la proyección. Efectivamente, el tema de Mi vida sin mí puede provocar el llanto, pero me gustó que la película no se regodeé en la tragedia, no se quede anclada en la muerte y en la pena sino, precisamente, en la vida futura que la protagonista no podrá contemplar, pese a ser la que le pertenece. Una obra modesta, pequeña, que se centra en la verdad de los sentimientos, que no necesita más que los pequeños detalles, que de más está decir que son los que hacen grande la vida. Y también a esta película.
Cosas buenas que decir de la película. La protagonista es una heroína total. Su entereza sostiene la película y, con ella, a nosotros. El encanto de su modesta relación familiar. Su decisión de pagar las deudas sentimentales pendientes. El propósito de amar de todos sus personajes. La discreción de su música, sus texturas, sus ambientes. Que la muerte, en sí misma, le dé un sentido a la vida.
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