05 septiembre, 2004

La primera de Larry y Andy

Para casi todo el mundo los enigmáticos hermanos Wachowski nacen en 1999 con Matrix. Pero después de ver su primera película, Bound (en España, Lazos Ardientes), podría afirmarse justamente lo contrario: su talento muere justo después de rodar su exitoso y futurista panfleto. Todo lo de después nos lo podían haber ahorrado.

Bound, o Lazos Ardientes, fue rodada en 1996, y sigue la estela iniciada por Tarantino u otros hermanos, los Coen, de reinterpretar el clásico cine negro añadiéndole mucha sangre y, para diluir densidad, convirtiendo situaciones violentas en momentos de delirio cómico. Bond, incluso, va un poco más allá, aportando novedades que la convierten en especial: la trama se sustenta, básicamente, sobre dos mujeres, amantes, lesbianas, lo que ofrece un nuevo punto de vista sobre el siempre viril y homoerótico (sub)mundo de los mafiosos.

Partir de esa mirada femenina permite, sobre todo, desmitificar a esos ominosos sujetos, tantas veces ensalzados (incluso admirados) por directores como Coppola o Scorsese. Los Wachowski, y con ellos las mujeres de la película, los contemplan como lo que son: viles, traidores, asesinos y, sobre todo, machistas. A destruirlos y, por supuesto, quedarse con su dinero se dedican durante la cinta las dos bellas muchachitas.

Intrigante de principio a fin, Bound se desarrolla en un único y claustrofóbico ambiente (un edificio de apartamentos), algo que supera merced a a la perfecta construcción de personajes, el magnetismo sexual que se produce entre ellos y explota ante nuestros ojos y, por supuesto, la potencia de sus dos actrices, especialmente una irresistible Gina Gershon, la dura de la película. Con tan poco bastó a los Wachowski para hacer una espléndida ópera prima; lástima que luego les dieran tanto para hacer lo contrario: una incomprensible opereta para primos.

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